La diabetes es una enfermedad metabólica caracterizada por la mayor o menor capacidad del organismo de utilizar la glucosa. Como consecuencia, aumentan los niveles glucemia (nivel de glucosa en sangre), produciendo síntomas típicos. Afecta actualmente al 8,5% de la población adulta mundial, siendo en España hasta del 10,5% (2019)

Estas alteraciones metabólicas se producen por un desequilibrio endocrino como consecuencia de la carencia de insulina efectiva disponible, que interfiere a su vez con la actividad hormonal.

Existen dos tipos de diabetes:

  1. Diabetes tipo I: (dependientes de insulina). Enfermedad autoinmune que ocurre cuando el páncreas no produce suficiente insulina para controlar apropiadamente los niveles de glucemia.. Aparece entre la infancia y la juventud. Afecta a individuos delgados o con una morfología normal. El ejercicio ni la previene ni la cura, únicamente minimiza sus daños. Afecta al 5% de los diabéticos.
  2. Diabetes tipo II: (independientes de insulina). Prevalece en sociedades avanzadas y en poblaciones sedentarias. Se desarrolla principalmente entre los 30 y 50 años. Altamente asociado a la obesidad y el sobrepeso causado por la escasez de actividad física y una mala alimentación. Es el 95% de los casos

Ambas patologías son diferentes entre si, tantos la diabetes tipo I como la tipo II, están influenciadas por componentes ambientales y existe evidencia que susceptibilidad genética en ambas, como así también un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Ya a comienzos del siglo XIX algunos investigadores habían demostrado que la actividad física disminuye la glucemia, y poco después del descubrimiento de la insulina (1921), se señalo que el ejercicio potenciaba el efecto hipoglucemiante de esta hormona.

Los beneficios a medio y largo plazo de la practica regular de actividad física contribuyen a disminuir los factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad cardiovascular, a través de la mejora el perfil de grasas, la normalización de la presión arterial, aumento de la circulación colateral, disminución de la frecuencia cardiaca en reposo y durante el ejercicio. También ocurren cambios que favorecen el cuidado y autocontrol por parte del paciente, y consecuentemente contribuyen a mejorar la calidad de vida.

Más aun, se ha demostrado que los sujetos de edad avanzada que permanecen físicamente activos, logran niveles de control glucémico, similar a personas jóvenes no entrenadas o sedentarias. otro de los beneficios es el aumento de la autoestima y la autoconfianza, principalmente en el inicio de la enfermedad.

En los próximos artículos analizaremos que tipo de ejercicio es el adecuado para cada tipo de diabetes y que rol juega la insulina en estas enfermedades.

DIABETES TIPO 1

Abarca todas las formas de diabetes que se originan por la destrucción de las células beta del páncreas y que son propensas a la cetoacidosis. Debido a la destrucción de estas células, la insulina debe de ser aportada de forma exógena. El estado de hiperglucemia esta dado por el déficit de insulina.

La respuesta metabólica y hormonal en esta forma de diabetes esta determinada por números factores:

– Intensidad y duración del ejercicio.

– Tipo de dosis de insulina inyectada antes del ejercicio.

– Sitio de inyección de la insulina.

– Tiempo previo a la inyección.

– Tiempo de la última comida.

Se requiere una adecuada terapia de insulina para permitir todos los beneficios de la actividad muscular en la asimilación de la glucosa.

Los beneficios del ejercicio en estos casos es:

  1. Mejora la sensibilidad de la insulina.
  2. Mejora los niveles de lipoproteinas y lípidos plasmáticos.
  3. Aumenta el gasto calorico, resultando en la disminución de la masa adiposa y manteniendo la masa muscular.
  4. Mejora del estado físico.
  5. Mejora de la fuerza y de la flexibilidad.
  6. Disminuye la presión arterial en hipertensos.
  7. Disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
  8. Aumento de autoestima y calidad de vida.

DIABETES TIPO 2

En este tipo de diabetes la alteración básica reside en la resistencia a la acción de la insulina a nivel de los tejidos. Existe un fuerte factor genético, además de la obesidad o el embarazo. La resistencia a la insulina esta definida como la incapacidad de un concentración normal de insulina de producir una respuesta biológica adecuada.

Las personas sedentarias tienen mayor riesgo de sufrir diabetes mellitus tipo 2. Está demostrado que el entrenamiento aeróbico y los programas de acondicionamiento muscular producen mejoras en los pacientes que sufren esta enfermedad además ayudan a prevenirla siendo el periodo de embarazo en las mujeres clave. Se concluye que lo más adecuado en pacientes diabéticos es realizar un entrenamiento donde se combinen sesiones de fuerza con sesiones aeróbicas, llevando un control glucémico continuo.

La resistencia a la insulina está asociada con mayor riesgo de desarrollar aterosclerosis, hipertensión y diabetes tipo 2.

El ejercicio tiene un rol en la intervención efectiva para la prevención y tratamiento de este tipo de diabetes. El Colegio Americano de Medicina Deportiva y la Asociación Americana de Diabetes recomiendan al menos 150 minutos de ejercicio moderado semanalmente con entrenamiento de fuerza dos o tres veces por semana.

Los beneficios del ejercicio son:

  1. Reduce los niveles de glucemia.
  2. Mejora la tolerancia ala glucosa.
  3. Disminuye la presión arterial en hipertensos.
  4. Disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular.
  5. Mejora el estado físico.
  6. Aumenta el gasto calórico.
  7. Mejora la fuera y la flexibilidad.
  8. Mejora la respuesta de la insulina.

Expuestos todos beneficios del ejercicio, solo el 12% de los adultos con diabetes tipo 2 cumplen con las recomendaciones del entrenamiento de fuerza que proponen la ACSM / ADA y solo el 41% cumple con las recomendaciones de entrenamiento aeróbico. La falta de actividad física y el sedentarismo entre los enfermos de diabetes tipo 2 es una de las preocupaciones actuales respecto a salud pública.

En cuanto a las recomendaciones estándar respecto a actividad física, la podemos dividir en ejercicios aeróbicos y de acondicionamiento muscular. La actividad aeróbica aconsejable a realizar sería de una frecuencia de dos a cinco días a la semana con una duración de 150 min, de ejercicio de moderado (40-60% del VO2 máx) a vigoroso (> 60% VO2 máx). Respecto a entrenamiento de fuerza recomendados serían de una frecuencia de tres días por semana, con ejercicios multiarticulares de 1/4 series por ejercicio y de 8/15 repeticiones, con un descanso entre uno a tres minutos y, una intensidad dependiendo del nivel y las características del sujeto submáxima 60-80% de 1 RM, pudiendo entrenar a intensidades más altas 80-95% de 1 RM, cuando no exista contraindicaciones médicas.

Debéis de tener claro que el ejercicio debe de ir siempre acompañado de un nutrición adecuada supervisada por un profesional.

Rodrigo Mazos, entrenador personal.

Baños, Raúl. (2016). Prescripción del ejercicio físico en sujetos con diabetes mellitus tipo 2 y diabetes gestacional. Retos: nuevas tendencias en educación física, deporte y recreación. 136.

Butragueño, Javier. (2019). Recomendaciones de ejercicio para pacientes con diabetes tipo 2

Guerrero, Lucia. (2018). ¿Ejercicio Físico en Diabetes Tipo I? Introducción

American College of Sports Medicine (1998). El Ejercicio y la Diabetes Mellitus (MSSE, 19:12, 1998, pp. i-vi)