El sedentarismo es uno de los principales riesgos para la salud, y está en el origen del 30% de enfermedades cardiovasculares, el 27% de casos de diabetes y el 21%-25% de tumores de colon; de hecho, se le atribuyen directa o indirectamente un millón de muertes anuales (10% del total) en Europa.

El ejercicio regular reduce en un 40% el riesgo de obesidad en personas predispuestas genéticamente a ella. Máxime cuando la obesidad, y su prólogo de sobrepeso, constituyen otro grave riesgo para la salud que, más allá de sus negativos efectos psicológicos y estéticos, altera la circulación sanguínea y contribuye al síndrome metabólico, que a su vez eleva el peligro de patología cardiovascular y de diabetes.

La actividad física regular comporta múltiples beneficios para la salud. La lista es amplísima, tanto en mejoras (mejora el nivel de triglicéridos, la densidad ósea, la sensibilidad a la insulina, la capacidad cardiorrespiratoria y hasta la autoestima y sensación de bienestar), como en reducción de riesgos, ya que limita el peligro de morbimortalidad por enfermedad cardiovascular y por todas las causas, el de hipertensión y algunos tipos de cáncer, el de diabetes y obesidad, el de depresión o el de patología biliar. Y, por si fuera poco, rebaja el estrés y la ansiedad tan comunes en nuestra acelerada vida cotidiana.

 No se trata, pues, de convertirse de la noche a la mañana en deportista, sino de realizar esos “30 minutos al día de actividad física moderada que recomienda la Organización Mundial de la Salud”.